(CRÓNICA ESCRITA ENTRE CONTEO DE ACTAS Y CANCIONES DE FUEGO LÍQUIDO)
Sin embargo, esta vez no fue así. A pesar de haberme leído todas las propuestas que encontré en Internet, me costó mucho decidir por quién votar. La decisión final la tomé en la cola, justo me llamó una de mis mejores amigas y sostuvimos una interesante tertulia no presencial, en la que finalmente terminé de convencerme sobre el candidato a quien le iba a dar mi importante voto. En realidad, durante toda la jornada electoral municipal me costó mucho elegir a un candidato en especial porque ninguno, absolutamente ninguno, me gustaba del todo; dentro de mí me preguntaba si alguna vez llegaría a existir algún candidato que realmente colmara mis expectativas y, simplemente, no hallaba respuesta.
Y es que nadie puede ser del todo perfecto, nadie tiene la talla ideal, nadie carece de defectos, nadie colma mis anhelos, nadie excepto TÚ… ¡Sí!, ¡Tú!, mi mejor candidato, mi Jesús; el único que llena los vacíos más profundos de mi corazón, el único que sabe cuando estoy bien y cuando no lo estoy, el único que cada día tiene preparado mil sorpresas para mí (imposibles de contar), el único que hace que mis ojos se humedezcan día tras día cuando escucho su voz diciendo que hasta hoy confía en mí. Jesús, mi Jesús, a quien le entrego mi voto a ojos cerrados, a quien le entrego toda mi libertad, toda mi mente, toda mi confianza, toda mi voluntad…
¿Sabes? Siempre soñé con tener una lámpara como la de Aladino, o por lo menos una botella con una genio adentro (aún si no fuera como Bárbara Eden) para que cumpliera todos mis deseos, para que haga todo lo que yo quiero que se haga, pero ahora viéndote a ti, solo tengo un deseo:
Y es que nunca me dejes, que pase lo que pase, nunca, pero nunca me dejes porque eres más de lo que alguna vez soñé; y si tengo que dejar diez mil cosas por ti, te digo que vale la pena, que en realidad NO HAY PENA, porque lo mejor del mundo es estar a tu lado, y si alguna vez piensas que soy muy imperfecto, me abraces más fuerte.
